'La cabaña' y 'La taberna': Una relación evolutiva

 

Cuando escribí ‘La cabaña’ me encontraba sumido en la cúspide psicótica de un largo proceso marcado por el compás de un trastorno bipolar totalmente desestabilizado.

No obstante, la naturaleza de su estructura goza de la inclusión de abundantes anexos, escritos en diferentes momentos a lo largo de los años en los que se fraguaron los cimientos de dicha psicosis.

 

Unas veces haciendo uso de la ficción, otras espesando un laberíntico análisis con intención de aclarar los conceptos básicos de mi mente, la base autobiográfica permanece muy presente a lo largo de toda la obra.

 

La historia principal trata de captar un proceso psicoanalítico que habría de conducirme, en mi vida real, a un abandono de las excursiones a la psicosis.

Parte de ese peso recae, obviamente, en la correcta toma de una medicación acertada.

Sin embargo, el poder identificar y catalogar rápidamente el origen de ideas de naturaleza paranoide, resulta algo muy positivo en la constante tarea por mantener ‘los pies en el suelo’.

El mapa resultante de esbozar, con el lápiz de mi memoria, todos y cada uno de los capítulos y anexos de ‘La cabaña’, me ha permitido atajar velozmente el esquivo origen de buena parte del flujo de pensamiento más perturbador en mí.

 

El marco autobiográfico que contempla el libro abarca desde mi nacimiento hasta mis treinta años de edad.

La escritura, al ser ejercida en fases de descompensación y muy diferenciadas dentro de la problemática maníacodepresiva, presenta rasgos que hacen del ritmo de lectura algo en constante cambio en función del anexo al que la historia principal nos conduzca.

 

Un momento crucial, tanto en ‘La cabaña’ como en mi vida real, es la irrupción del alcohol.

Reconocido y usual compañero de fatigas en el ámbito bipolar, su abrazo fue estrechándose con el paso de los años.

 

Es aquí donde toma forma mi libro ‘La taberna: Una libreta para el recuerdo’.

Estructurado mediante una historia principal y una serie de extractos de la libreta que suele acompañar a su protagonista, presenta la lucha de un Joel (con mucho de mí) por ordenar y esclarecer adecuadamente un torrente de pensamientos, creencias y actitudes de modo que le resulte alcanzable el hecho de emprender una vida libre de tóxicos.

 

Algunos de los personajes con los que se encontrará aparecen también en ‘La cabaña’.

El hecho de que éstos resulten comunes a ambas obras se explica por el hecho de que el marco autobiográfico que abarca ‘La taberna: Una libreta para el recuerdo’ tiene su origen en la aparición del alcohol en mi vida.

Ese instante, así como la problemática venidera, están incluidos dentro de mi vida con el trastorno bipolar siempre presente.

Así pues, el inicio de ‘La taberna’ resulta como zambullirse en el océano de la misma mente de la que emergió ‘La cabaña’, aunque en esta ocasión nos veremos liberados de gran parte de las características que una psicosis puede dotar al proceso de escritura.

 

El análisis que presentan los extractos de la libreta de Joel evoluciona junto al devenir del protagonista de la obra. La salud mental de éste, aunque maltrecha, trata, siempre desde la distancia que otorgan los momentos de reflexión, los diferentes análisis a los que se lanza.

 

De nuevo en una mezcla de ficción y realidad, todo cuanto se puede leer trata de ejercer de bastón a la hora de emprender un camino en el Joel deberá derrotar a sus propios demonios para tratar de abordar el abandono de un tóxico como es el alcohol con ciertas garantías de éxito.

Mientras, en ‘La cabaña’ el abandono de los estados psicóticos se perfila como destino de logro ineludible.

 

Así pues, ambas obras, de semejante estructura y por momentos pareja narrativa, quedan relacionadas por todo lo anteriormente expuesto.

 

Aunque también debería hablar de un salto evolutivo.

Quiero pensar que la estabilidad en mi trastorno, así como los buenos hábitos que se han instaurado a partir de ésta en mi vida, me han permitido enfocar mi escritura con renovada pasión y nuevos recursos.

Por lo menos esa es mi intención, que en la escalera de mi obra literaria donde ‘La cabaña’ supuso un importante peldaño, ahora ‘La taberna: Una libreta para el recuerdo’ haya logrado subir, cuanto menos, otro más.

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