El momento es (Ahora)

September 3, 2017

 

 


 

Parte I


 


 

Lo que más admiro de ti es… La tranquilidad y paz que me transmites.


 

En un universo paralelo, la chica delgada le tiene medio enamorado.

No se permite mucho más, pero esa joven con su niña esperándola en casa supone para él demasiado.

Se deshace en elogios íntimos cada vez que los recuerdos a su lado surcan su mente, aterrizando en su corazón.

Él lo nota, percibe a la perfección la gran intensidad de sus emociones, sobre las que edifica sus sentimientos.

Sentimientos quizá banales, puesto que esa piel tostada presidida por una negra melena… Es su terapeuta referente.

Así es su coraza, aparentemente fuerte, aparentemente frágil, dependiendo de por donde la mires. Sin embargo, haga lo que haga, él siempre acaba recordando cómo fue recibido la primera vez que sus caminos se cruzaron en un hospital. El abrazo. El gran abrazo. El inmenso abrazo que cubría todos y cada uno de los baches donde su carrocería casi pierde el total de su estructura.

En ese universo, la joven Ogal y Joel incluso estuvieron juntos en casa de éste. Pudieron hablar lejos de la problemática relacionada con el hospital, y Joel no se cortó.

En ese universo ambos conocen los sentimientos del otro.

En ese universo hay bailes cada día tanto en el hospital como fuera de él.

En ese universo Joel sonríe… Verdaderamente muy a menudo.

Porque ve y siente cómo es correspondido en sus actos, cómo le llena tener detalles aunque éstos no se apilen en ninguna montaña de la que sacar partido alguno.

Tan solo se trata de mantenerse vivo, respirando, hasta la siguiente oportunidad de…


 

Vivir el momento.

En nuestro universo, Víctor escribe estas líneas centrado y habiendo hecho una cura de sueño importantísima. Stela trabaja y él aguarda su llegada como agua de mayo. Pero no es mayo. No. En mayo se arrastraba hasta arriba de cannabis y alcohol. Estamos en una fecha significativa que la meteorología ha tenido el capricho de acompañar con un clima tirando a frío. Se trata del primer día de septiembre.

El escritor, habiendo hecho su mapa. La araña, con su tela preparada.

Son tiempos de cambio… Pero para bien. Toca sonreír a la siguiente página que llega, mientras quizá, solo quizá, en ese universo paralelo algo cambie. Quizá Joel encuentre en el caos de su mente el freno a su montaña rusa emocional.

Sólo lo necesario para sincerarse con Ogal y consigo mismo.

Sólo lo necesario para acariciar tanta belleza y permitirse seguir su camino.

Sólo lo necesario para fundirse en un abrazo de proporciones a medida con ese maldito año.


 


 

Parte II


 

No me tengas miedo…


 

Se abre la puerta de la doctora Hamp por enésima vez. Víctor sale de allí algo cabizbajo.

Meditabundo al cien por cien, se sienta medio dejándose caer en el cómodo sillón en el que se hunde su cuerpo mientras emite un quejumbroso sonido. Se siente fatigado mientras mira su reloj.

Las 11:30. Ha estado casi dos horas con Hamp.

¿Cómo no le va a tener miedo?
Evidentemente si llega a ese lugar como un toro de miura, poco se podrá hacer más que poner los pies en el suelo al trastorno y desear buena suerte al paciente.
Pero, ¿Y si quién ingresa muestra posibilidades verdaderas de llevar una vida equilibrada?
¿No sería lo más lógico trabajar en esa dirección a muerte?

Muerte… esa palabra tan prohibida, tan morbosa.

Los pensamientos obtienen fugas en Tylerskar, que se permite el lujo de lucir su sonrisa en la sala de espera.
Entonces Víctor se escandaliza.
El conflicto tiene lugar y, tan pronto como se llama al orden a esa cabeza salvaje, ésta obedece.

Entonces Víctor comienza a recordar cada momento de la visita, con el fin de registrarlos en su memoria. Y vaya si da de sí una visita con Hamp.

Lo más importante no es la escenificación, ni el entorno agradable. Ni siquiera la medicación con sus cambios e incontables efectos secundarios horribles.
Lo más importante para Víctor es sin duda esa psicoterapia que tan encarecidamente le recomendaron en el pasado y tanto tiempo ha tardado en efectuar.
La doctora Hamp quizá no fuese como la joven embarazada, Lya, que le dio impulso para dejar de beber. De hecho, piensa Víctor, también le dio alas, cosa que como ha comprobado no se debe hacer a menudo con una persona maníaco depresiva.
Hamp no es así. Ella remueve con tacto aquello que en tu interior forma un pozo. Unas veces tomando la iniciativa y otras permitiendo que el curso del pensamiento fluya hasta donde tiene que fluir, extrae algo, lo mira, lo pule, y te lo entrega para hacer lo que estimes oportuno. Pone su confianza en ti.

Víctor, adormilado, relaja los músculos de su cuerpo y todo ennegrece, menos una escena… Una escena que le resulta extrañamente familiar.


 


EXTRACTO DE LA LIBRETA DE JOEL


 

Hoy he bromeado con Itu acerca de muchas cosas y lo hemos pasado en grande.

Ya sabía yo que fuera de la unidad de agudos las cosas tenían que ser diferentes.

Al menos, cuando la llamaba estando estable se ponía muy contenta…
Silencio


 

Hoy he podido dormir bien, ni más ni menos horas de lo normal.

Estoy casi seguro de que me salvo de la Unidad de Agudos.

Escribo en un dispositivo estupendo que me va a salir bien caro.

Silencio


 

Tengo miedo.

-- ¿Por qué, Joel?

¿Dónde estamos?

-- Estamos en tu cabeza, en un despacho, la tienes delante.

Sal de mi despacho.


 

---------------------------------------------------------


 

Cuando parece que Joel va a actuar, a Víctor casi se le sale el corazón del susto. Un leve toque de un paciente colega en su hombro bastó para sacarle del sueño y hacerle brincar.

Antes de salir a fumar, Víctor quedó revoloteando cerca del despacho de Hamp, a ver si podía formular la pregunta. ¿Por qué querría ella que saliese de su despacho?

Unas horas después regresaba en bus a las tierras costeras en las se erigía su casa.
Al parecer la doctora Hamp confiaba tan plenamente en el tratamiento que Víctor, y nadie más según ella, con mantenerse sobrio y seguirlo junto con las horas de sueño adecuadas, lograría emerger sano y salvo de la crisis.

Mientras por la ventanilla Víctor veía pasar las primeras playas donde tan feliz había sido un año atrás, dejó ir un leve pero prolongado suspiro.

Quería a Joel para plasmar a una psiquiatra que atendiese vía móvil si fuese necesario.

Quería vislumbrar esas visitas unas veces en el despacho otras en una cafetería.

Quería estar en la vida de Hamp, y que ella lo estuviese de él y su familia.

No obstante, esa no sería Hamp.

De modo que por respeto, por lógica… También debía dejarla ir.

 

 

 


 

Parte III

 

 


 

La quieres mucho… ¿Verdad?


 

La pregunta queda en el aire.

Es tan retórica que él tan solo puede devolverle a esa joven terapeuta una sonrisa. Ella la atrapa para sí poniéndose en pie y dándole un fuerte abrazo. Se llama Jezabel.

Antes de aquello, sin embargo, hubo todo un carro de momentos que Víctor no sabe bien del todo si ella recuerda. Algo le dice que, pese a la cantidad de trabajo ininterrumpido, ella conserva la semilla de toda persona que haya pasado por allí. El secreto para hacerla remontar.

Uno de esos momentos fue el intercambio de miradas que se lanzaron, entrelazándolas en una misma trayectoria hasta que tanto Joel como Tylerskar, así como su arquitecto Víctor, quedaron atrapados en el brillo oculto en esos ojos marrones. Jezabel parecía detener el tiempo, pero no como una anaconda trabajando su presa, sino más bien como una idea imposible, perturbadora y plagada de ensoñación a partes iguales…


 


 

EXTRACTO DE LA LIBRETA DE JOEL


 

Mi mejor amiga, casi mi hermana, se encuentra hoy esperándome en algún punto de la plaza central de un poblado cercano a mi vivienda perdida en un paisaje de calas.

Escribo estas líneas en el autobús que ha de conducirme ante su compañía.

Las últimas veces que hemos quedado lo hemos pasado en grande. Superado el bache del alcohol y recuperando buena parte de mi identidad, ella no deja de apremiarme a seguir en la misma dirección. Por mucho que las olas zarandeen la embarcación de la que dispongo.

Siempre hablamos de Stela. Es uno de mis pilares, y siempre trato de recordarle a Jezabel lo importante que es ella también para mí. Lo relevante que supuso el que nuestras manos tendidas se uniesen más allá de los muros que forjan la frontera entre lo terapéutico y una amistad cuyas raíces no se vean cortadas a partir de cada arremetida mental.

Se que soy privilegiado.

Mientras dos sonrisas cómplices se cruzan al ocaso de un día de risas, emociones, cariño y respeto, justo antes de la siempre amarga despedida, ella lanza su pregunta.


 

¿La quieres mucho… Verdad?


 

Lejos de esa situación imposible, aunque con dos libretas en blanco frente a él.

Víctor, dispuesto a encenderse un pitillo, desplaza sus dedos sobre las teclas de su ordenador.

En una nublada mañana decorada con un jazz suave de fondo, se dispone a dejar ir. Es el turno de Jezabel, y la melodía del saxo es tan conocida que el escritor canturrea.

Los síntomas, los efectos secundarios de lo que toma, son tan exagerados que en ocasiones casi llega al pánico. No obstante, tiene los dos pies en la realidad. Ese pensamiento le saca del universo de la mirada de Jezabel, permitiéndole mirar a Stela, capacitándole para agradecer a su familia todo el apoyo y la preocupación mostrados.

Mucha luz para tiempos que han causado estragos en su interior, así como en su mente.

Y la quiere.

Verdad.

Gracias, Jezabel…


 


 

Parte IV


 

Me lo has notado…

Dijo sin más, mirando por un segundo al horizonte.

Afligida por un motivo que él aún desconocía,

Rachel suspiró por un instante

Sabiéndose presa, de la aflicción que la consumía.


 

Rachel es una mujer protectora y cariñosa. Es algo de lo que Víctor está convencido pese a que la suma del tiempo que han compartido no llega siquiera al año. Tal afirmación se sustenta en una tercera base, en esta ocasión una verdad con algo de acto de fe, como es la sinceridad.

Él da por sentado que ella nunca le miente, y estima correcto afirmar que es algo recíproco.

Eso hace que el riachuelo fluya… A falta de un chispazo de magia.


 

Me lo has notado…

Dijo ya presa de la aflicción,

Un manantial de lágrimas a sus pies,

Vertidas una a una desde el pasado hacia la gran caída,

Donde no hay lucha ni tipos malos, solo desamor.


 

Rachel y Víctor han conducido juntos un coche a carcajadas rumbo a un hospital.

En el despacho de ésta se ha asistido al aterrizaje del segundo, iracundo y maníaco, profundamente desestabilizado.

Se ha visto también una evolución, que a día de hoy aún perfora la cueva donde aguarda el secreto de mi estabilidad.

Sin cielos que sobrevolar. Y es que tanto Rachel como Víctor parece que quisieron tener alas… Para acabar apreciando con otros ojos el caminar con los pies en el suelo.



Me lo has notado...
¿Qué?
Tengo dos niñas preciosas por cuidar.

¿Y tú?

Yo sobrevivo. Cuento con el apoyo de Hamp.


 



 

Parte V


 


 

Me dejo algunos, por no decir muchos, nombres en este relato por partes que comenzó siendo algo pequeño y directo en mi cabeza para poco a poco crecer como una cebolla contenedora de información entre sus capas.

Puede que para mí sea de gran interés dado que comencé este proyecto de varios días sumido en lo que creía una severa crisis psicótica. Gracias a la evolución que plasmo en él puedo guiarme algo más dentro de una memoria que no para de fallarme.

No sé si el texto pretende ser un homenaje. Tampoco si contiene una reprimenda inconsciente.
Lo que sí sé, es que me nace de un interior que no sólo alberga fría información para esculpirla en un papel. El corazón en un puño, sin tener porqué llegar a su extremo, es más mi forma de entender una vida en la que, en ocasiones, debes dejarte ayudar.

Eso es lo que aprendo de personas como Ogal, Hamp, Jezabel o Rachel.
De estrellas fugaces como Phily (tan profesional y entregada a su trabajo), Nüia (en ocasiones su voz hace que relajarse sea algo impuesto, algo inevitable), Merea (cuyo rastro desde su ausencia aún siento), Mercy (con su siempre cálida bienvenida y velocidad) o Ellen. Para Ellen siento que debería inspirar y hacer una pausa.

Pero no lo haré.
Bastará con decir que ese buen montón de jornadas trabajando mano a mano supuso toda una sorpresa para mí.


 

Es domingo e ignoro qué me deparará el destino.

He hecho las cosas correctamente en cuanto he podido alcanzar.

Puede que aún me sienta raro con tanta pastilla y tanto efecto secundario… Pero se ha acabado agosto y soy relativamente libre. Quizá no para volar, pero sí para volver a caminar.

Al menos hasta 2018, donde el horizonte se cierra.
Al menos hasta Octubre, donde alcanzaré mi libertad.
Al menos hasta mañana, donde lucharé por ella.

Al menos hasta ahora, hasta este momento.

Me encuentro sentado tecleando calmado las últimas líneas de un detalle que quiso ser proyecto. Yo le doy forma, soy el encargado de que llegue a sus destinatarios.

Porque son mis primeras líneas en un 2017 horrible. Las más importantes, las del desbloqueo.


 

¿Han llegado a vuestro interior?

 

 

 

 

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© 2016 por Víctor Fernández García